Covadonga, Información e historia de Covadonga, Asturias

Covadonga ubicado en el concejo de Cangas de Onís, constituye uno de los rincones más emblemáticos de Asturias y lugar de peregrinaje de numerosas personas. El agreste y umbrío paisaje que lo rodea junto con la sorprendente aparición del río Auseva, debajo de la Cueva y después de desaparecer, peñas de arriba, en las cimas de Orandi, confieren al conjunto del lugar misteriosas resonancias.

De orígenes remotos, el lugar de Covadonga, por estas características geográficas, ha sido siempre un enclave de implicaciones mágicas y religiosas. Cristinanizado el lugar ya en el siglo VIII, su valor cultural se vio magnificado por el pacto allí acordado, hacia al año 718, entre astures y cántabros para afrontar conjuntamente la amenaza sarracena. El importante éxito militar de esta alianza en el año 722, en los mismos parajes de Covadonga trajo como consecuencia la proclamación del príncipe astur Pelayo como caudillo de los insurgentes y dio origen al concepto de Reconquista, de trascendental importancia en la historiografía española y en la cultura básica de los españoles durante mucho tiempo.

A partir de entonces, y durante toda la Edad Media, hubo en Covadonga un monasterio de monjes benedictinos que tenía su templo en la propia cueva y su claustro en el lugar que ahora ocupa la colegiata de San Fernando, como así lo atestiguan las dos tumbas románicas de sendos abades del siglo XI.

Cueva de Covadonga

Las dificultades de comunicación, el progresivo alejamiento de los centros de decisión políticas y las duras condiciones climáticas de la montaña dejarán languidecer la vida monacal hasta el punto de que, a mediados del siglo XVI, se vieron obligados a abandonar el lugar y pasar a vivir a la vecina aldea de La Riera. Paulativamente, se va revitalizando la vida del monasterio pasando en un primer momento a convertirse en santuario y, más tarde, a adquirir la categoría , a adquirir la categoría de colegiata. Sin embargo, no será hasta finales del siglo XVIII, cuando, en virtud de un fortuito incendio que arrasó el entramado colgante de madera que constituía el templo, se empezó, de nuevo, a prestar atención que, para la monarquía ilustrada de momento, debía dársele. Así, será Carlos III quien, el mismo año del incendio, toma cartas en el asunto comisionando al aquitecto real, don Ventura Rodríguez, para que dispusiera las trazas de un nuevo santuario acorde con la importancia y relieve histórico que se le quería dar. Diversos problemas, de tipo económico y de oposiciones, da al traste con el proyecto, construyéndose únicamente el basamiento sobre el tajo del río.

Abandonada la idea, demasiado monumental, se vuelve a reconstruir el voladizo de madera y se levanta, en 1820, una pequeña capilla para custodiar la nueva imagen de la Virgen de Covadonga que sustituye a la desaparecida en el incendio.

En la segunda mitad del siglo XIX el Santuario de Covadonga adquiere su conformación definitiva, si bien no concluye hasta 1901, después de rectificar el proyecto que inició el célebre alemán de Corao, Roberto Frassinelli, en 1874.

Basilica de Covadonga

Con la entrada del siglo, Covadonga se había convertido ya, además de en un centro liturgico y piadoso, en un poderosos foco de atención turística integrado en el ámbito de atracción de los Picos de Europa. La vinculación de la monarquía española con el Real Sitio de Covadonga contribuirá también a dar mayor notoriedad e importancia al lugar, culminando con la celebración del XII centenario de la batalla de Covadonga en 1918, en la cual Alfonso XIII corona solemnemente a la Virgen. Los daños padecidos en el Santuario por la Guerra Civil en 1936 motivaron la construcción de un nuevo camerín para la Cueva, que fue realizado por el arquitecto oventense Luis Menéndez-Pidal, a quien se debe el severo aspecto que hoy muestra la Cueva.

Vídeo de Covadonga

Parque Nacional de Covadonga :

El Parque Nacional de la Montaña de Covadonga ocupa una extensión de 16925 hectáreas, que se extiende por los concejos asturianos de Cabrales, Onís, Cangas de Onís y Amieva, y el lonés de Valdeón. Se encuentra situado en el macizo occidental (o de las Peñas Santas, o del Cornión, como también se llama) de los Picos de Europa. Este macizo, compuesto por rocas calizas, ha sufrido innumerables acciones geológicas (cabalgamientos, glaciarismos, karstificación) que han configurado un paisaje torturado y agreste en el que los bosques, praderías y pastizales se asientan suevamente y se esconden (salvo en la alta montaña) lagos, ríos, jous, poljés, simas y gargantas. Sin lugar a dudas, el acceso más usual al Parque es la carretera que desde el Santuario de Covadonga sube, tras 11 kilómetros de vertiginosa y serpeante carretera, a los lagos de Covadonga : el Enol y el ercina, a 1070 y 1108 metros respectivamente. Como en otros casos la región asturiana, la serenidad de las aguas, el verdor de las vegas, el pétreo contrapunto de las cumbres más altas y las brumas y neblinas que se forman dan al paisaje un carácter de lo más sugestivo que justifica las leyendas e historias que corren sobre ellos.

Desde los lagos, parten multitud de sendas que se adentran poco a poco en el corazón del parque. Cumbres como el Peña Santa de Castilla (2596 metros) o Peña Santa de Enol (2478 metros). Torre de la Hor (2456 metros) y otras muchas retan a lso alpinistas más avezados. Miradores como el del Rey o el de Ordiales (donde está ubicada la tumba de D.Pedro Pidal, Marqués de Villaviciosa de las Asturias, famoso escalador y uno de los principales promotores de la Ley de Parques Nacionales) presentan bosques y praderías, canales, neveros y desplomes increíbles a la mirada extasiada del visitante.

Arroyos y ríos como el Cares (que constituye el límite oriental del Parque), el Dobra, el Junjumia o el Pomperi atraviesan bosques y gargantas o desaparecen en sumideros para reaparecer más tarde. Pastizales salpicados de pequeñas cabañas de los pastores. cuevas y simas, muchas de ellas aún sin explorar.
Sobre esta vasta superficie montañosa que es Cangas de Onís, las condiciones climáticas y ambientales han moldeado un amplio catálogo de especies minerales y vegetales que perduran, con mayor o menor fortuna, en bosques, ríos y cumbres.

En las zonas más montañosas, como la que ocupan el Parque Nacional de Covadonga y sus estribaciones, abundan todavía las masas boscosas de especies caducifolias autóctonas, tales como las hayas, robles y abedules. Los bosques de Pome, La Cerezal o La Matona son buenos ejemplos de ellos. Acantonados en el fondo de los valles, los bosques mixtos se hayan bien representados en el valle de Covadonga y en las inmediaciones del Cares. Otras especies frecuentes son el aliso, el fresno, el quejigo, el tilo, el acebo y el tejo.

En este habitad tan peculiar, en la que la climatología varía enormemente con la altitud, existe un sinnúmero de especies animales que todavía luchan denodadamente por su superviviencia. El Parque Nacional, cons sus estrictas normas de protección y conservación, ha posibilitado que se conserven especies que en otros lugares ya han desaparecido. No ha sucedido así, sin embargo, con especies como la cabra montañesa, el oso y el urogallo, que ha desaparecido o están a punto de desaparecer.

Siendo interminable el número de especies que se pueden encontrar en el concejo, se hace imposible su enumeración completa. Desde rebecos, corzos, jabalíes, zorros, tejones, gatos montañeses, nutrias, ardillas, armiños, topos y comadrejas, hasta águilas reales, buitres, alimoches, milanos, halcones, fochas, ánades reales y agachadizas, pasando por truchas, salmones, anguilas y lampreas (ejemplares todos ellos, que se pueden observar en el centro de Recuperación de Especies Autóctonas Fauna Astur, en Soto, a 3Km. de Cangas). Los distintos hábitats y ecosistemas distribuidos por el concejo forman un auténtico mosaico de la naturaleza.

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